30 Frases de Rosalía de Castro | La perla literaria de Galicia
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Las frases de Rosalía de Castro están impregnadas de bellas metáforas que nos revelan una mujer soñadora y a la vez realista, reflexiva en el amor y preocupada por las causas sociales. A través de sus majestuosos escritos observamos cómo se sentía y cómo era la vida de una mujer española a mediados del siglo XVIII. Ella era hija de un sacerdote y una hidalga, pero ninguno de los dos se hizo cargo de ella hasta más grande; mientras tanto, fue criada por una tía paterna. Tuvo estudios de música y dibujo. Conoció a Manuel Murguía con el que se casó y tuvo siete hijos, de los cuáles dos fallecieron.

En sus escritos expresaba muchos de estos pesares que la rodearon. Con el apoyo de su esposo publicó varios libros, entre los que destaca Ruinas, A mi madre y Cantares gallegos. Castro escribía en gallego, lengua por aquel entonces considerada de las clases bajas, eso y ser mujer no le favorecieron del todo, por lo que en vida no tuvo gran reconocimiento su obra; fue hasta después de fallecida que su nombre empezó a tomar eco entre el mundo literario, considerada como una de las mejores plumas españolas, sobre todo destacada en la poesía. Por ello, en Frases de la Vida no hemos querido dejar escapar la oportunidad de compartir contigo una selección de las mejores frases de Rosalía Castro.

30 Frases de Rosalía de Castro | La estrella literaria de Galicia

1. Alma que vas huyendo de ti misma, ¿qué buscas, insensata, en las demás?

2. No importa que los sueños sean mentira, ya que al cabo es verdad que es venturoso el que soñando muere, infeliz el que vive sin soñar.

3. Aunque mi cuerpo se hiela, me imagino que me quemo; y es que el hielo algunas veces hace la impresión de fuego.

4. Frío y calor, otoño o primavera, ¿dónde… dónde se encuentra la alegría? 

5. Es más fuerte, si es vieja la verde encina; más bello el sol parece cuando declina; y esto se infiere porque ama uno la vida cuando se muere.

6. Hermosas son las estaciones todas para el mortal que en sí guarda la dicha.

7. Los que ayer fueron bosques y selvas de agreste espesura, donde envueltas en dulce misterio al rayar el día flotaban las brumas, y brotaba la fuente serena entre flores y musgos oculta, hoy son áridas lomas que ostentan deformes y negras sus hondas cisuras.

8. No son nube ni flor los que enamoran, eres tú, corazón, triste o dichoso, ya del dolor y del placer el árbitro, quien seca el mar y hace habitar el polo.

9. Tras la lucha que rinde y la incertidumbre amarga del viajero que errante no sabe dónde dormirá mañana, en sus lares primitivos halla un breve descanso mi alma.

10. Cual si en suelo extranjero me hallase, tímida y hosca, contemplo desde lejos los bosques y alturas y los floridos senderos donde en cada rincón me aguardaba la esperanza sonriendo.

11. ¡Cuán bella y caprichosa es la alegría!

12. Hay en Madrid un palacio extenso y magnífico, como los que en otro tiempo levantaba el diablo para encantar a las damas hermosas y andantes caballeros. Vense en él habitaciones que por su elegante coquetería pudieran llamarse nidos de amor, y salones grandes como plazas públicas cuya austera belleza hiela de espanto el corazón y hace crispar los cabellos. Todo allí es agradable y artístico, todo impresiona de una manera extraña produciendo en el ánimo efectos mágicos que no se olvidan jamás.

13. Inexplicable angustia, hondo dolor del alma, recuerdo que no muere, deseo que no acaba. 

14. ¿Por qué tan terca, tan fiel memoria me ha dado el cielo?

15. Puro el aire, la luz sonrosada, ¡qué despertar tan dichoso!

16. Tengo miedo de una cosa que vive y que no se ve. Tengo miedo a la desgracia traidora que viene, y que nunca se sabe dónde viene. Adrianie, donde estas.

17. ¡Oh tierra, antes y ahora, siempre fecunda y bella!

18. Es feliz el que soñando, muere. Desgraciado el que muera sin soñar.

19. Dejo la casa donde nací, dejo la aldea que conozco, por un mundo que no he visto. Dejo amigos por extraños, dejo la ribera por el mar, dejo en fin cuanto quiero bien… ¡Quién pudiera no dejar!

20. Hierve la sangre juvenil, se exalta lleno de aliento el corazón, y audaz el loco pensamiento sueña y cree que el hombre es, cual los dioses, inmortal

21. La miseria seca el alma y los ojos además.

22. Hermosas son las estaciones todas para el mortal que en sí guarda la dicha.

23. Adiós, ríos; adiós, fuentes; adiós, regatos pequeños; adiós, vista de mis ojos: no sé cuando nos veremos.

24. La que ayer fue capullo, es rosa ya, y pronto agostará rosas y plantas el calor estival.

25. Para el alma desolada y huérfana no hay estación risueña ni propicia.

26. ¿Qué es sino tu voz la extraña música que escucho en mis sueños? ¿Qué beso es sino el tuyo el que el viento deja en mis labios impuros, el santo aroma que los purifica?

27. Bajo el hacha implacable, ¡cuán presto en tierra cayeron encinas y robles!

28. ¡Tus besos! ¿Pudieran ser los tuyos cuando existe en la región de las nubes? ¿O es que mi corazón de madre adivina que también allá, flor de las vírgenes inmaculadas, podrán marchitarse tus hojas?

29. ¡Ven! Ven a decirme cuál es el mundo en donde habitas; ven, pero no cuando duerma, porque después no sé recordar sino en confuso tu pura imagen…

30. No subas tan alto, pensamiento loco, que el que más alto sube más hondo cae.

Después de leer estas frases de literatura de la escritora gallega nos podemos dar cuenta de su mundo interno y ser testigos de su extraordinaria capacidad expresiva. No concluiremos sin que antes nos cuentes ¿qué te pareció?, ¿ya habías oído de está poeta?, ¿has leído alguno de sus libros?, ¿cuál de estas frases de Rosalía de Castro te ha cautivado? Déjanos tus comentarios, nos encanta leerlos.

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