Todos nos hemos topado alguna vez con este fascinante mito griego: La Odisea, la historia de Ulises regresando a su patria, afrontando innumerables peligros con tal de lograr sus objetivos. Sin duda, tanto este maravilloso mito como el que le precede, La Ilíada, tuvieron una fuerte influencia sobre el resto de la literatura que se ha escrito hasta nuestros días. Las proezas literarias de Homero nos permiten comprender que se trató de un inmenso y entrañable escritor, los versos de la Odisea son una maravilla por donde se los mire, no dejan espacio para el aburrimiento, aunque, claro, es un texto que hay que saber leer teniendo en cuenta la época y el ritmo de los versos. Por su grandeza literaria y por ser un referente universal, hoy en Frases de la Vida hemos querido dedicar este artículo a algunas frases de la Odisea, un libro sencillamente inolvidable.

Las mejores frases de la Odisea

1. ¡Ay, ay, cómo culpan los mortales a los dioses!, pues de nosotros, dicen, proceden los males. Pero también ellos por su estupidez soportan dolores más allá de lo que les corresponde.

2. Nada cría la tierra más endeble que el hombre de cuantos seres respiran y caminan por ella. Mientras los dioses le prestan virtud y sus rodillas son ágiles, cree que nunca en el futuro va a recibir desgracias; pero cuando los dioses felices le otorgan miserias, incluso éstas tiene que soportarlas con ánimo paciente contra su voluntadFrases de la Odisea.

3. No hay cosa más inoportuna que el maldito estómago que nos incita por fuerza a acordarnos de él, y aun al que está muy afligido y con un gran pesar en las mientes, como yo ahora tengo el mío, lo fuerza a comer y beber. También a mí me hace olvidar todos los males, que he padecido; y me ordena llenarlo.

4. Gozoso despegó las velas el divinal Odiseo y, sentándose, comenzó a regir hábilmente la balsa con el timón, sin que el sueño cayese en sus párpados, mientras contemplaba las Pléyades, el Bootes, que se pone muy tarde, y la Osa, llamada el Carro por sobrenombre, la cual gira siempre en el mismo lugar, acecha a Orión y es la única que no se baña en el Océano, pues habíale ordenado Calipso, la divina entre las diosas, que tuviera la Osa a la mano izquierda durante la travesía. Diecisiete días navegó, atravesando el mar, y al decimoctavo pudo ver los umbrosos montes del país de los feacios en la parte más cercana, apareciéndosele como un escudo en medio del sombrío ponto.

5. Nadie en verdad hay mejor ni más rico en venturas que marido y mujer cuando unidos gobiernan la casa en un mismo sentirFrases de la Odisea.

6. Así como en las altas montañas se derrite la nieve al soplo del Euro, después que el Céfiro la derribó, y la corriente de los ríos crece con la que se funde, así se derretían con el llanto las hermosas mejillas de Penélope.

7. ¡Oh dioses! ¡De qué modo culpan los mortales a los númenes! Dicen que las cosas malas les vienen de nosotros, y son ellos quienes se atraen con sus locuras infortunios no decretados por el destino.

8. —¡Feliz hijo de Laertes! ¡Odiseo, fecundo en ardides! Tú acertaste a poseer una esposa virtuosísima. Como la intachable Penélope, hija de Icario, ha tenido tan excelentes sentimientos y ha guardado tan buena memoria de Odiseo, el varón con quien se casó virgen, jamás se perderá la gloriosa fama de su virtud y los inmortales inspirarán a los hombres de la tierra graciosos cantos en loor de la discreta Penélope.

9. Voy a proferir algunas palabras para gloriarme, que a ello me impulsa el perturbador vino, pues hasta al más sensato le hace cantar y reír blandamente, le incita a bailar y le mueve a revelar cosas que más conviniera tener calladas.

10. Mientras los maderos están sujetos por las clavijas, seguiré aquí y sufriré los males que haya de padecer, y luego que las olas deshagan la balsa me pondré a nadar, pues no se me ocurre nada más provechoso.

11. Pero es por el prudente Odiseo por quien se acongoja mi corazón, por el desdichado que lleva ya mucho tiempo lejos de los suyos y sufre en una isla rodeada de corriente donde está el ombligo del mar.

12. La misma bajeza comete quien anima a su huésped a que se vaya, cuando éste no quiere hacerlo, que quien se lo impide cuando lo desea. Hay que agasajar al huésped cuando está en tu casa, pero también despedirlo si lo desea.

13. En verdad no reparten los dioses sólo en un hombre sus amables presentes: belleza, elocuencia e ingenio. La apariencia de uno dijérase acaso mezquina, mas un dios de belleza corona sus frases, y todos se complacen mirándolo, y habla seguro y modesto, dulcemente, y destaca entre toda la gente reunida, y en la calle es un dios que lleva tras él las miradas. Otro, en cambio, aparenta la misma belleza que un numen, mas la Gracia jamás le corona las frases que dice. 

14. Más quisiera ser un labrador en la tierra de otro, de quien bienes no tiene y apenas procura a su vida, que ser rey y mandar sobre todos los que fenecieron.

15. Los mortales se atreven, ¡Ay!, siempre a culpar a los dioses porque dicen que todos sus males nosotros les damos, y son ellos que, con sus locuras, se atraen infortunios que el Destino jamás decretó.

16. Al que está necesitado no le conviene ser vergonzoso.

17. El sueño es el hermano gemelo de la muerte.

18. La espada misma incita a actos de violencia.

19.Cual la generación de las hojas, así la de los hombres. Esparce el viento las hojas por el suelo, y la selva, reverdeciendo, produce otras al llegar la primavera: de igual suerte, una generación humana nace y otra perece.

20. El genio se descubre en la fortuna adversa; en la prosperidad se oculta.

21. Zeus no presta su ayuda a los embusteros.

22. Permítanme no morir sin gloria y sin lucha, pero permítanme primero hacer algo grande que se contará entre los hombres en el más allá.

23. Odioso para mí, como las puertas del Hades, es el hombre que oculta una cosa en su seno y dice otra.

24. La vida es en gran medida una cuestión de expectativas.

25. Todo hombre sabio ama a la esposa que ha elegido.

26. No sé lo que depara el futuro, pero sé quién tiene el futuro en sus manos.

27. Fuera de la vista, fuera de la mente.

28. Las palabras vacías son malvadas.

29. Su descenso fue como la caída de la noche.

30. El esclavo pierde la mitad de su alma cuando entra en servidumbre.

31. El vino puede engañar el ingenio del sabio, pero hacer que el sabio se divierta.

32. Ten paciencia, alma mía: tú has sufrido cosas peores.

33. La desgracia no es tan grande como para morir por un amigo, como para encontrar un amigo por el que valga la pena morir.

34. ¿No es sagrado, incluso para los dioses, el hombre errante que viene cansado?

35. La juventud tiene el genio vivo y el juicio débil.

36. Incluso las penas son una alegría para alguien que recuerda todo lo que forjó y soportó.

37. No envidies la riqueza del prójimo.

38. Dejemos que el pasado sea el pasado.

39. Dios ha puesto el trabajo por centinela de la virtud.

40. Las almas generosas son dóciles.

41. Un hombre que ha pasado por experiencias amargas y ha viajado lejos, disfruta incluso de sus sufrimientos después de un tiempo.

42. La raza de los hombres es como la de las hojas: cuando una generación florece, otra declina.

43. Por las buenas o por las malas, este peligro también será algo que recordaremos.

44. Los hombres se cansan antes de dormir, de amar, de cantar y bailar que de hacer la guerra.

45.  Si sirves a muchos maestros, pronto sufrirás.

46. Odio a ese hombre que esconde una cosa en su corazón y habla otra.

47. Nadie puede apresurarme a ir a Hades antes de mi tiempo, pero si llega la hora de un hombre, sea él valiente o sea cobarde, no tendrá escapatoria.

48. Y los dioses te concedan cuanto en tu corazón anheles: marido, familia y feliz concordia, pues no hay nada mejor ni más útil que el que gobiernen su casa el marido y la mujer con ánimo acorde, lo cual produce gran pena a sus enemigos y alegría a quienes los quieren, y son ellos los que más aprecian sus ventajas.

49. Es voluble la lengua de los hombres, y de ella salen razones de todas clases; hállanse muchas palabras acá y allá, y cual hablares, tal oirás la respuesta. Mas ¿qué necesidad tenemos de altercar, disputando e injuriándonos, como mujeres irritadas, las cuales, movidas por el roedor encono, salen a la calle y se zahieren diciendo muchas cosas, verdaderas unas y falsas otras, que la cólera les dicta?

50. Ni el hombre más bravo puede luchar más allá de lo que le permiten sus fuerzas.

51. Pocos hijos son como sus padres; la mayoría son peores, algunos mejores.

52. Demasiados reyes pueden arruinar un ejército.

53. No sigas cantando este amargo cuento que desgasta mi corazón.

54. No digas una palabra a favor de la muerte; prefiero ser un siervo pagado en la casa de un pobre y estar por encima del suelo, que el rey de reyes entre los muertos.

55. Míseros mortales que, semejantes a las hojas, ya se hallan florecientes y vigorosos comiendo los frutos de la tierra, ya se quedan exánimes y mueren.

56. Ah, qué descarado, la forma en que estos mortales culpan a los dioses. De nosotros solos, dicen que vienen todas sus miserias, pero ellos mismos con sus propias maneras imprudentes agravan sus dolores más allá de lo que les corresponde.

57. No hay mayor fama para un hombre que la que él gana con el trabajo de sus pies o la destreza de sus manos.

58. La caridad que es insignificante para nosotros puede ser preciosa para los demás.

59. El hijo de Laertes que habita en Ítaca. Lo vi en una isla derramando abundante llanto, en el palacio de la ninfa Calipso, que lo retiene por la fuerza. No puede regresar a su tierra, pues no tiene naves provistas de remos ni compañeros que lo acompañen por el ancho lomo del mar.

60. Hay un tiempo para muchas palabras, y también hay un tiempo para dormir.

61. La fortuna es como un vestido: muy holgado nos embaraza, y muy estrecho nos oprime.

62. Los inmortales nunca son ajenos el uno al otro.

63. Los mares rugientes y muchas montañas oscuras se encuentran entre nosotros.

64. La religión es la cadena de oro que sujeta la tierra al trono del Eterno.

65. Cualquier momento puede ser el último. Todo es más hermoso porque estamos condenados. Nunca serás más adorable de lo que eres ahora. Nunca vamos a estar aquí de nuevo.

66. La raza de los hombres es celosa; sus brasas son brasas de fuego.

67. Le corresponde a un padre ser intachable si espera que su hijo lo sea.

68. Levantado el muro contra la voluntad de los inmortales dioses, no debía subsistir largo tiempo.

69. Los excelsos regalos de los dioses no pueden ser destruidos con facilidad por los mortales hombres, ni ceder a sus fuerzas.

70. Preferiría ser esclavo del más pobre campesino que reinar sobre los muertos.

71. Después de los acontecimientos, hasta el necio es sabio.

72. De todas las criaturas que respiran y se mueven sobre la tierra, no hay nada que sea más agonizante que el hombre.

73. ¡Cuán tedioso es un cuento contado de nuevo!

74. Y llegamos a la isla de Eea, donde habita Circe, la de lindas trenzas, la terrible diosa dotada de voz, hermana carnal del sagaz Eetes: ambos habían nacido de Helios, el que lleva la luz a los mortales, y de Perses, la hija de Océano.

75. Nada hay tan dulce como la patria y los padres propios, aunque uno tenga en tierra extraña y lejana la mansión más opulenta.

76. La cuestión en la vida no es saber mucho, sino olvidarse de poco.

77. Llevadera es la labor cuando muchos comparten la fatiga.

78. El que ama la guerra civil es un hombre sin lazos de familia, sin hogar y sin ley.

79. Un amigo con un corazón comprensivo no vale menos que un hermano.

80. No hay mejor aguijón que la necesidad.

¿Qué te han parecido estas frases de la Odisea? Sin duda, entre las mejores frases de Homero. Y ya que hablamos de él, te invitamos a indagar un poco más acerca de quién fue Homero, el más grande de los escritores épicos griegos. Y no te olvides de dejarnos tu opinión acerca de estas frases en los comentarios, ¡estaremos encantados de leerte!

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