50 Frases de Mary Shelley | La mujer detrás de Frankenstein
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Mary Shelley (1979-1851) fue una escritora de origen británico. Shelley publicó a los 21 años Frankenstein o el moderno Prometeo”, una novela gótica-romántica de ciencia ficción que continúa siendo de las más leídas por un amplio publico. En Frases de la Vida hemos seleccionado para ti las mejores frases de Mary Shelley.

Shelley fue hija de los filósofos Mary Wollstonecraft y William Godwin y, de hecho, su madre es considerada una pionera del pensamiento feminista. Ésta, sin embargo, murió después del parto debido a una infección, por lo que Shelley vivió sólo con su padre algunos años que él contrajo matrimonio por segunda vez. Creció en un ambiente literario y bohemio que nutrió su espíritu culto y librepensador. A los 17 años, Shelley se enamoró del filósofo Percy Bysshe Shelley, quien era cinco años mayor que ella y estaba casado. Sostuvo una relación con él y concibieron a una niña que nació prematuramente y falleció; la pérdida hizo que Mary padeciera una profunda depresión que sólo se alivió después del nacimiento de su hijo William. Tras el suicidio de la esposa de Percy, él y Mary se casaron. Percy murió ahogado. También murieron su segundo y tercer hijo con Mary Shelley, antes de que naciera el cuarto.

Aunque Shelley es principalmente reconocida por ser la autora de Frankenstein y, durante largo tiempo, lo fue por haber sido esposa de Percy Bysshe Shelley, actualmente su obra es de las más estudiadas por ser considerada un ícono del romanticismo y del feminismo. Sus vivencias personales, el dolor, las pérdidas y la soledad, dejaron huella en la personalidad de la escritora, quien reflejó estos rasgos en su obra. Sus novelas abarcan relatos de estilo apocalíptico y otros con contenido político radical. De ellas, te recomendamos “El último hombre”, “Valperga”, “Lodore” y “La suerte de Perkin Warbeck: Un romance”. Sin más dilación, te presentamos nuestra selección de Frases de Mary Shelley.

50 Frases de Mary Shelley | La autora de ciencia ficción más estudiada

1. Estamos ligados por vínculos tenues a la prosperidad o a la ruina.

2. Amo la vida, pese a que no es más que un cúmulo de angustias, y la defenderé.

3. Sentir amor por otro, me colocará en el engranaje de la existencia que llevan los demás, y de la que ahora estoy excluido.

4. Te juro que hubiera preferido permanecer siempre en la ignorancia. Antes eso que descubrir la ingratitud y la depravación de una persona tan querida por mí.

5. No deseo que las mujeres tengan más poder que los hombres, sino que tengan más poder sobre sí mismas.

6. La contemplación de la grandiosidad de la naturaleza siempre confirió nobleza a mis pensamientos, haciendo que olvidara las preocupaciones cotidianas.

7. Busca serenamente la felicidad y evita la ambición, aunque ésta sea en apariencia tan inofensiva como la que persigue el camino de la ciencia.

8. Sé que usted busca el conocimiento y la sabiduría, como yo lo hice una vez; y espero vivamente en que la satisfacción de sus deseos no resulte ser una serpiente que le muerda, como ha sucedido en mi caso.

9. ¿Cómo es posible contemplar a un ser tan noble, destruido por el dolor, sin experimentar una profunda pena?

10. Nada contribuye a tranquilizar la mente como un propósito firme, un punto en el que pueda el alma fijar sus ojos intelectuales.

11. El ángel caído se convierte en un malvado demonio. 

12. Como Adán, yo no parecía tener lazo alguno con los demás seres; pero su estado era muy distinto del mío en los demás aspectos. 

13. Sin embargo, ¡cuántas cosas estamos a punto de descubrir si la cobardía y la dejadez no entorpecieran nuestra curiosidad!

14. Yo, como el archidemonio, llevaba un infierno en mis entrañas; y, no encontrando a nadie que me comprendiera, quería arrancar los árboles, sembrar el caos y la destrucción a mi alrededor, y sentarme después a disfrutar de los destrozos.

15.  Si nuestros instintos se limitaran al hambre, la sed y el deseo, seríamos casi libres. Pero nos conmueve cada viento que sopla, cada palabra al azar, cada imagen que esa misma palabra nos evoca.

16. El remordimiento anulaba cualquier esperanza. Era el autor de males irremediables, y vivía bajo el constante terror de que el monstruo que había creado cometiera otra nueva maldad.

17. Observando a mi alrededor y escuchando a mis vecinos jamás pude oír hablar de un ser semejante a mí. ¿Era, por lo tanto, un monstruo, una criatura de la que todos se alejarían con repugnancia y horror?

18. ¿Quién puede concebir los horrores de mi encubierta tarea, hurgando en la húmeda oscuridad de las tumbas o atormentando a algún animal vivo para intentar animar el barro inerte?

19. Quien no haya experimentado la seducción que la ciencia ejerce sobre una persona, jamás comprenderá su tiranía.

20. Pero yo no era dueño, sino esclavo, de unas pasiones que me horrorizaban y a la vez no podía resistir.

21. Pero ¿Dónde estaban mis amigos y familiares? No había tenido un padre que cuidase de mi infancia, ni una madre que me bendijese con sus sonrisas y caricias; y si los tuve, toda mi vida pasada no era sino tiniebla, un ciego vacío que no distinguía nada. 

22. De las manos de Dios había salido una criatura perfecta, próspera y feliz, protegida por el especial cuidado de su Creador; se le había permitido conversar con seres de naturaleza superior y adquirir de ellos su saber; en cambio, yo era desdichado, estaba desamparado y solo. 

23. Para aproximarse a la perfección, un hombre debería conservar siempre la calma y la tranquilidad del espíritu sin permitir jamás que ésta fuera turbada por una pasión o un deseo momentáneo.

24. El aspecto encantador de la naturaleza me elevaba el ánimo; el pasado se me borraba de la memoria; el presente era tranquilo, y el futuro embellecido, por rayos luminosos de esperanza y expectativas de alegría.

25. ¿Cómo puede el hombre alardear de una sensibilidad superior a las de las bestias? Si nuestros impulsos fueran sólo los del hambre y la sed, los del deseo, estaríamos muy cerca de la libertad.

26. ¡Maldito sea el día en que recibí la vida! -exclamé con agonía. ¡Maldito mi creador! ¿ Por qué fabricaste un monstruo tan espantoso que incluso tú mismo te apartaste horrorizado de mí? 

27. ¿Por qué no he de continuar por estas olas indómitas y a la vez sumisas? ¿Qué podría detener un corazón decidido y la voluntad firme de un hombre?

28. Sólo de ti podía esperar socorro, aunque no me despertaba otro sentimiento que el del odio. 

29. Pero ¿Dónde estaban mis amigos y familiares? No había tenido un padre que cuidase de mi infancia, ni una madre que me bendijese con sus sonrisas y caricias; y si los tuve, toda mi vida pasada no era sino tiniebla, un ciego vacío que no distinguía nada. 

30. Yo en cambio llevaba un infierno dentro de mi, y nadie podría arrancarlo jamás.

31. ¿Era el hombre, efectivamente, tan poderoso, tan virtuoso y magnífico, y no obstante tan depravado y tan bajo? 

32. Me sentía como el árabe que enterrado junto a los muertos encontró un pasadizo por el cual volver al mundo, sin más ayuda que una luz mortecina y apenas suficiente.

33. Ten cuidado, porque no tengo miedo y eso me hace poderoso.

34. El ser humano que quiere alcanzar la perfección debe mantener la serenidad y la calma, sin permitir que una pasión o un deseo circunstancial se entrometa en su espíritu.

35. El ser humano perfecto debe conservar siempre la calma y la paz de espíritu y no permitir jamas que la pasión o el deseo fugaz turben su tranquilidad. No creo que perseguir el conocimiento sea una excepción. 

36. Cualquier inteligencia normalmente dotada que se dedique con interes a determinada area, llega sin duda a dominarla con cierta profundidad.

37. La invención, debe ser admitido humildemente, no consiste en crear desde el vacío, sino desde el caos… consiste en la capacidad de atrapar las posibilidades de un tema y en el poder de moldear y dar forma a las ideas que sugiere.

38. La guerra es el juego del estadista, la dicha del sacerdote, la burla del abogado y la profesión del asesino mercenario.

39. Vi cómo se marchitaba y acababa por perderse la belleza; cómo la corrupción de la muerte reemplazaba la mejilla encendida; cómo los prodigios del ojo y del cerebro eran la herencia del gusano.

40. Nada hay más doloroso para el espíritu humano, tras la excitación que provoca la rápida sucesión de los acontecimientos, como esa calma mortal de apatía y certidumbre que la sigue, y priva al alma de toda esperanza y temor.

41.  Amigo mío, veo por su interés, y por el asombro y expectativa que reflejan sus ojos, que espera que le comunique el secreto que poseo; mas no puede.

42. Si el estudio al que te consagras tiende a debilitar tu afecto y a destruir esos placeres sencillos en los cuales no debe intervenir aleación alguna, entonces, ese estudio es inevitablemente negativo, es decir, impropio de la mente humana.

43. Desde el principio de mis recuerdos, había sido como era entonces en estatura y proporción. Hasta ahora, nunca había visto a un ser que se pareciese a mí ni pretendiese contacto alguno conmigo. ¿ Qué era yo? La pregunta me surgía una y otra vez, sólo para contestarla con gemidos.

44. Muchas veces consideré a Satanás el símbolo más acorde a mi condición.

45. Ahora me tiemblan los miembros con sólo recordarlo; entonces me espoleaba un impulso irresistible y casi frenético.

46. Incluso el enemigo de Dios y del hombre gozó de la compañía de amigos y semejantes en su desolación. Yo en cambio, estoy completamente solo.

47. Dios, en su misericordia hizo al hombre hermoso y atractivo, a su propia imagen; en cambio, mi figura era una mezcla inmunda, una parodia de la tuya, más espantosa aún por su parecido. Satanás tuvo a sus compañeros, a sus demonios seguidores, que le admiraban y alentaban; pero yo me encuentro solo y soy abominado.

48. Unas veces parecía un mero vástago del principio del mal; otras, lo más noble y divino que cabe imaginar. El Monstruo.

49. ¡Insensible, despiadado creador!, me habías dotado de percepción y de pasiones, y luego me habías arrojado al mundo para desprecio y horror de la humanidad. Pero sólo de ti podía recabar piedad y desagravio, y en ti decidí buscar esa justicia que en vano trataba de obtener de cualquier ser con forma humana.

50. ¡Que extraña cosa el conocimiento!. Una vez que ha penetrado en la mente, se aferra a ella como la hiedra a la roca.

Esperamos que nuestra selección de frases de Mary Shelley haya resultado interesante para ti. Coméntanos, ¿conoces otras frases suyas que te gustaría incluir en esta selección? ¿Cuál es tu favorita? ¿Crees que el reconocimiento de Shelley por su novela “Frankenstein o el mito del moderno Prometeo” opaca al resto de su obra? Nos encantaría conocer tu opinión, así que recuerda escribirnos en la sección de comentarios.

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