Samuel Beckett fue uno de los grandes escritores del siglo XX. Se destacó como novelista, poeta, crítico y dramaturgo, y saltó a la fama con obras como «Molloy», «Malone muere», «El innombrable» y la pieza teatral «Esperando a Godot». Para que puedas disfrutar de ellas, en este nuevo artículo de Frases de la Vida hemos querido recopilar las mejores frases de Samuel Beckett, extractos de sus principales trabajos literarios.

Samuel nació en el seno de una familia compuesta por su padre, dedicado a la ingeniería civil, y su madre, enfermera. Durante su adolescencia fue un buen deportista y un asiduo jugador de ajedrez en el «Trinity College», donde aprendería idiomas y obtendría su licenciatura y posterior doctorado en lenguas romances. Más tarde se trasladaría a París para aceptar un puesto como lector de inglés y allí trabará amistad con el famoso escritor James Joyce.

Durante la década de 1930 viajó por Europa, donde ejerció los más diversos oficios para asegurar su subsistencia y recopiló una serie de experiencias que luego volcaría sobre sus textos. Su obra debut fue «Conjetura», un relato breve publicado en 1929 en la revista literaria Transition. Sin embargo, su primer premio llegaría un año más tarde con «Whoroscope», una brillante iniciación en la poesía.

Su primera novela llevó el nombre «Belacqua en Dublín» y fue publicada en 1934. Cuatro años más tarde Beckett sería apuñalado por un delincuente parisino; al preguntarle al agresor por qué lo había atacado, éste respondió: «No tengo la más mínima idea». Este hecho afectaría radicalmente su percepción de la vida, convenciéndolo del absurdo de la existencia y alterando de manera notable el devenir temático de su obra: el teatro del absurdo sería desde entonces su ámbito privilegiado, erigiéndose como puntal junto a Eugene Ionesco.

Sus obras reflejan la alienación y la angustia de un individuo perdido en su propia soledad, el pesimismo vital y el drama existencial laberíntico; temáticas sostenidas en una disposición ilógica y grotesca, completamente disruptiva en relación con los cánones previos de la escena de corte tradicional. La prosa de Beckett se caracterizó por ser austera y disciplinada, con ingredientes de humor fino y con la alegría clásica que el uso de la jerga transmite.

En 1961 compartió con Jorge Luis Borges el Premio Internacional de los Editores y en el año 1969 fue reconocido con el Premio Nobel de Literatura. Un poco más tarde recibiría la más alta distinción de la asociación de artistas de Irlanda. Impresionante, ¿verdad?

Con motivo de celebrar su trayectoria, te presentamos algunas de las grandes frases de Samuel Beckett. ¡Te encantarán!

Grandes frases de Samuel Beckett

  1. Cuanta más gente encuentro, más feliz soy. Con la criatura más insignificante, uno aprende, se enriquece, saborea mejor su felicidad.

2. El sol brilló, al no tener otra alternativa, sobre lo nada nuevo.

3. Siempre me ha sorprendido la escasa finura de mis contemporáneos, a mí, cuya alma se retorcía de la mañana a la noche tan sólo para encontrarse.

4. Empleo las palabras que me has enseñado. Si no significan nada, enséñame otras. O deja que me calle.

5. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.

6. El cliente: Dios hizo el mundo en seis días, y usted no es capaz de hacerme un pantalón en seis meses. El sastre: Pero señor, mire el mundo y mire su pantalón.

7. Respirar es un hábito. La vida es un hábito o, mejor dicho, una sucesión de hábitos, ya que un individuo es una sucesión de individuos.

8. Siempre encontramos alguna cosa que nos produce la sensación de existir.

9. He aquí al hombre íntegro arremetiendo contra su calzado cuando el culpable es el pie.

10. Eso que llaman el amor es el exilio, con una postal del país de vez en cuando.

11. Dejadme decir para empezar que no perdono a nadie. Os deseo a todos una vida atroz y luego las llamas.

12. Nada es más real que nada.

13. Moriría hoy mismo, si quisiera, con sólo proponérmelo, si pudiera querer, si pudiera proponérmelo. Pero mejor dejarme morir, sin precipitar las cosas. Algo debe de haber cambiado. No quiero ya inclinarme, ni en un sentido ni en otro. Seré neutral e inerte. Me resultará fácil. Sólo hay que tener cuidado con los sobresaltos.

14. Pero es inútil insistir sobre este período de mi vida. A fuerza de llamar a esto mi vida terminaré por creérmelo. Es el principio de toda publicidad.

15. Las palabras es todo lo que tenemos.

16. Cada palabra es como una innecesaria mancha en el silencio y en la nada.

17. Incomprensible espíritu, a veces faro, a veces mar.

18. A decir verdad Dios no parece necesitar razones para hacer lo que hace y para omitir lo que omite, al igual que sus criaturas.

19. Nada es más divertido que la infelicidad, te lo aseguro. Sí, sí, es la cosa más cómica del mundo.

20. Yo, que no sé nada, sé que mis ojos están abiertos, porque las lágrimas no dejan de caer.

21. Pensemos en las horas en que, abrazados, en la oscuridad, nuestros corazones entristeciéndose al unísono, escuchamos decir al viento lo que es estar fuera, por la noche, en invierno, y lo que es haber sido lo que nosotros hemos sido, y naufraguemos juntos en una desgracia sin nombre, apretujándonos.

22. Qué claro y sencillo se vuelve todo, cuando se abren los ojos hacia el interior, a condición desde luego de previamente haberlos asomado afuera, para mejor gozar del contraste.

23. No me gustan los animales. Es una cosa extraña, no me gustan los hombres ni me gustan los animales. En cuanto a Dios, él está empezando a disgustarme.

24. Me sentía incómodo, aplastado por todo aquel aire, y perdido en el umbral de perspectivas innombrables y confusas. Pero aún sabía actuar, en aquella época, cuando era absolutamente necesario.

25. ¿Por qué nunca me dejas dormir? -Me sentía solo.

26. Hubo momentos en que no sólo me olvidé de mí, sino también de lo que soy.

27. Todos nacemos locos, algunos continúan así siempre.

28. Pero un último esfuerzo, uno más, tal vez sea el último, hay que proceder cada vez como si fuera la última, es el único medio de no retroceder.

29. Deplorable manía, cuando ocurre algo, querer saber qué es.

30. ¿No ha terminado de envenenarme con sus historias sobre el tiempo? ¡Insensato! ¡Cuándo! ¡Cuándo! Un día, ¿No le basta? , un día como otro cualquiera, se volvió mudo, un día me volví ciego, un día nos volveremos sordos, un día nacimos, un día moriremos, el mismo día, el mismo instante, ¿No le basta? (Más calmado). Dan a luz a caballo sobre una tumba, el día brilla por un instante, y, después, de nuevo la noche.

31. No existe pasión más poderosa que la pasión de la pereza.

32. Sí, por fin seré natural, sufriré todavía, después menos, sin sacar conclusiones, me escucharé menos, no seré frío ni caliente, seré tibio, moriré tibio, sin entusiasmo.

33. Los ojos consumidos por las injusticias se entretienen abyectos en todo aquello por cuanto han rogado durante mucho tiempo, en el último, el verdadero ruego al fin, el que nada pide.

34. ¡Ah, las viejas preguntas, las viejas respuestas, no hay nada como ellas!

35. Dios es un testigo que no se puede jurar.

36. Nuestro tiempo es tan excitante que a las personas sólo puede chocarnos el aburrimiento.

37. Recuerdo los mapas de Tierra Santa. En color. Muy bonitos. El mar Muerto era azul pálido. Sentía sed con sólo mirarlo. Me decía: iremos allí a pasar nuestra luna de miel. Nadaremos. Seremos felices.

38. Estoy tranquilo. Todo duerme. Sin embargo, me levanto y voy a mi despacho. No tengo sueño. Mi lámpara me ilumina nítida y suavemente. La tengo regulada. Durará hasta que se haga de día.

39. Porque no saber nada no es nada, no querer saber nada tampoco, pero lo que es no poder saber nada, saber que no se puede saber nada, este es el estado de la perfecta paz en el alma del negligente pesquisidor.

40. Máscara de viejo cuero sucio y peludo, no quería ya decir por favor y gracias y perdón.

41. No me miraré morir, eso lo falsearía. ¿Acaso me he visto vivir? ¿Acaso me he quejado alguna vez? Entonces, ¿por qué alegrarme ahora? Estoy contento, es inevitable, pero no hasta el punto de batir palmas. Siempre estuve contento, a sabiendas de que sería recompensado.

42. El mar, el cielo, la montaña, las islas, vinieron a aplastarme en una sístole inmensa, después se apartaron hasta los límites del espacio. Pensé débilmente y sin tristeza en el relato que había intentado articular, relato a imagen de mi vida, quiero decir sin el valor de acabar ni la fuerza de continuar.

43. Y si alguna vez me callo es que ya no habrá nada que decir, aunque no se haya dicho todo, aunque no se haya dicho nada.

44. Alguien le deja comida en el cuarto. No sabe si esa habitación le pertenece o no (No es una habitación de hospital ni de manicomio, eso se nota). Cree haber llegado hasta allí en una ambulancia. Su discurso contiene dudas, inseguridades, datos que calla… A veces cuenta historias. A veces se le cae el bastón, o el lápiz, y alcanzarlos se convierte en una aventura.

45. A los perros viejos les llega la hora en que al oír el silbido del dueño que parte al amanecer, con el bastón en la mano, ya no pueden abalanzarse tras él.

46. Hemos acudido a la cita, eso es todo. No somos santos, pero hemos acudido a la cita. ¿Cuántas personas podrían decir lo mismo?

47. Sí, en mi vida, si se puede llamar así, hay tres cosas: la incapacidad de hablar, la imposibilidad de estar en silencio, y la soledad, que es lo mejor que he hecho.

48. Lo cual no me afectaba personalmente, siempre me ha gustado no dar golpe. Y hubiera descansado también los días laborables de haber podido. No es que fuera decididamente perezoso. Era algo distinto.

49. Espera… Nos hemos abrazado… Estábamos contentos… Contentos… ¿Qué hacemos ahora que estamos contentos?

50. Sí, sí, se han portado con corrección. De modo que me pregunto… ¿Qué podría hacer yo por unas personas tan buenas que se aburren?

51. Y aquí está ahora mi viejo deudor. ¿Es esto una razón para agasajarle? Ya no responderé a las preguntas. Intentaré también no formulármelas. Podrán enterrarme, no me verán ya en la superficie. Hasta entonces me contaré historias, si puedo. No serán las mismas historias de otras veces, eso es todo.

52. Las lágrimas del mundo son inmutables. Por cada uno que empieza a llorar, en otra parte hay otro que cesa de hacerlo.

53. ¿Qué es lo que sé sobre el destino del hombre? Podría decirte más cosas sobre rábanos.

54. Ella no tenía tiempo que perder, yo no tenía nada que perder, con tal de conocer el amor lo habría hecho con una cabra.

55. Él no sabrá nada. Hablará de los golpes encajados y yo le daré una zanahoria. A caballo entre una tumba y un parto difícil.

56. ¿Habré dormido mientras los otros sufrían? ¿Acaso duermo en este instante? Mañana, cuando crea despertar, ¿Qué diré acerca de este día? ¿Que he esperado a Godot, con Estragon, mi amigo, en este lugar, hasta que cayó la noche? ¿Que ha pasado Pozzo, con su criado, y que nos ha hablado? Sin duda. Pero ¿Qué habrá de verdad en todo esto?

57. Los moralistas son personas que se rascan allí donde a otros les pica.

58. En el fondo, si no me sintiera morir, me podría creer ya muerto.

59. Esperamos. Nos aburrimos. No, no protestes, nos aburrimos como ostras, es indudable. Bueno. Se nos presenta un motivo de diversión, ¿Y qué hacemos? Dejamos que se pudra. Vamos, manos a la obra.

60. ¿Qué puedo hacer, me digo, para que el tiempo se les haga más corto? Les he dado huesos, les he hablado de una serie de cosas, les he explicado el crepúsculo, esto es evidente. Dejémoslo. Pero ¿Es suficiente? Es lo que me tortura. ¿Es suficiente?

61. Me interrumpo para señalar que me siento extraordinariamente bien. Quizá sea el delirio.

62. Dentro de unos instantes todo habrá terminado, volveremos a estar solos, en medio de tanta soledad.

63. No perdamos el tiempo en vanos discursos. ¡Hagamos algo ahora que se nos presenta una ocasión! No todos los días hay alguien que nos necesita. Otros lo harían igual de bien, o mejor. La llamada que acabamos de escuchar va dirigida a la humanidad entera. Pero en este lugar, en este momento, la humanidad somos nosotros, tanto si nos gusta como si no. Aprovechémonos antes de que sea demasiado tarde. Representemos dignamente por una vez la calaña en que nos ha sumido la desgracia.

64. Tal vez me equivoque y deje atrás San Juan e incluso el 14 de julio, fiesta
de la Libertad. Qué digo, tal como me conozco, soy capaz de vivir hasta la
Transfiguración o hasta la Asunción. Pero no creo, no creo equivocarme al decir que dichas fiestas, este año, se celebrarán sin mí. Tengo esa sensación, la tengo desde hace algunos días, y espero no engañarme. Pero, ¿en qué se diferencia de aquellas que me confunden desde que existo? No, esta clase de preguntas no me preocupa; en lo que a mí respecta, ya no necesito ser original.

65. Hay que pensar en ciertas cosas, cosas que te habitan por dentro, o no, mejor sí, hay que pensar en ellas porque si no pensamos en ellas, corremos el riesgo de encontrarlas, una a una, en la memoria.

66. Pronto, a pesar de todo, estaré por fin completamente muerto. El próximo mes, quizá. Será, pues, abril o mayo. Porque el año acaba de empezar, mil pequeños indicios me lo dicen.

67. Sé que tengo los ojos abiertos, a causa de las lágrimas que de ellos manan sin cesar.

68. Las lágrimas corren por mis mejillas sin que experimente la necesidad de entornar los ojos. ¿Qué me hace llorar así? De tanto en tanto. No hay nada aquí que pueda entristecer. Tal vez se trate de cerebro licuado. En todo caso, la felicidad pasada se me ha ido completamente de la memoria, si es que alguna vez estuvo presente en ella.

69. Por otra parte, me sobresalto menos desde que estoy aquí. Evidentemente, aún siento de vez en cuando impulsos de impaciencia. Y de ellos debo defenderme ahora, durante quince días o tres semanas. Sin exagerar nada desde luego,
llorando o riendo tranquilamente, sin exaltarme.

70. En el fondo del agujero, pensativamente, el sepulturero prepara sus herramientas. Hay tiempo para envejecer. El aire está lleno de nuestros gritos. Pero la costumbre ensordece. A mí también, otro me mira, diciéndose: Duerme, no sabe que duerme.. No puedo continuar… ¿Qué he dicho? 

En los años 40 el autor escribiría fundamentalmente en idioma francés. ¿Sabías que, cuando estalló la Segunda Guerra Mundial y Francia fue ocupada por el ejército nazi, Beckett se alistó a la Resistencia Francesa? Allí trabajó como mensajero -siempre dedicado a las palabras- y escribió la novela «Watt», que sólo vería la luz llegados los años 50. En diversas ocasiones estuvo a punto de ser apresado por la Gestapo. Con el fin de la guerra, fue reconocido por el gobierno francés con la «Croix de Guerre» y la «Médaille de la Résistance» debido a los esfuerzos realizados.

Se trata de una vida completamente dedicada a la labor literaria y a sus intereses políticos y personales. Toda ella plasmada en estas magníficas frases de Samuel Beckett. Cuéntanos, ¿cuál ha sido tu favorita? ¿has leído alguna de las obras del autor? ¿conoces otras frases de Samuel Beckett que debamos incluir en este listado? Nos encantará leerte en la sección de comentarios. ¡Gracias por acompañarnos en este recorrido!

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